miércoles, 13 de junio de 2012

Hermann Mejía









Nombre: Hermann Mejía
Nacionalidad: Venezolano
¿Dónde naciste? En Baruta
¿Qué cosas en tu niñez te inspiraron para convertirte en ilustrador? Las comiquitas, los paint by number, las artesanías de mi mamá, las culebritas de plastilina, las clases en Atepin, aquél cuadrito al óleo tan espantoso como misterioso de la sala, las figuritas de Lladró y un par de enciclopedias de arte que había en casa.
¿Qué libro relees, qué autor? Hasta ahora no he repetido ningún libro. Autor sí: Bukowski, Saramago, Bryce Echenique, Borges, Cortázar, Kundera...
¿Qué libro no pudiste terminar, y por qué? Muchos, muchísimos. Si no me atrapa en las primeras páginas, pierdo interés.
¿Qué autor no te gusta? No me gusta Isabel Allende.
¿Cuál es tu ilustrador preferido? Muchos. No puedo pensar en alguno sin pasar inmediatamente a otro. Moebius, Richard Corben, Milo Manara, Katsuhiro Otomo, Ralph Steadman, Carlos Nine, Hermenegildo Sabat, Sara Fanelli, James Jean, Edward Kinsella, Ernesto “El Chango” Cabral, Hirschfeld, Gerald Espinoza, Lisbeth Zwerger, Taro Gomi, David Levine, Marc Boutavant…
¿Qué libro (o de cuál escritor) te gustaría ilustrar? Sería genial ilustrar Pinocho.
¿Con qué personaje literario te identificas? Algunas veces con aquel artista que realizó la obra maestra desconocida de Balzac, otras con el joven poeta que escribía cartas a Rilke y el resto de las veces con el jumento del Caín de Saramago.
¿Con qué libro has llorado? Memorias de Mamá Blanca. Lo de leerlo era ajuro y lloraba de desesperación. De recordarlo bostezo y me sale un lagrimón.
¿Qué es lo peor que podrían decir de tu trabajo? Cualquier cosa que suene a etiqueta me hace sentir incómodo.
¿Qué clase de trabajo debes hacer, dada tu profesión, pero que no te gusta? Presupuestos, facturas y cobrar. Ahora, dentro de la ilustración me ha tocado hacer, por necesidad, cosas espantosamente tediosas e impersonales como storyboards o imágenes descriptivas para libros escolares. Por otro lado, las entregas de emergencia con sus respectivos trasnochos te hacen repensar la carrera que escogiste, y los clientes de correcciones caprichosas dan en la madre.
¿Cuál ha sido aquél trabajo que te salió tan mal que no quisieras recordar? Son tantos… Antes solía archivar todo mi trabajo, bueno o malo; pero los malos pesan mucho, son recordatorios de lo que no pudo ser. Un día topé con varios de esos bichos espantosos y decidí que lo mejor sería eliminarlos. Por ahí deben andar, espantando con toda su fealdad algún buitre de basurero, decorando la salita de alguien con pésimo gusto o aglutinado en el entretejido de algún cartón reciclado.
¿Consideras que tienes un estilo? Tengo una manera de hacer las cosas, unas mañas que no logro sacudir, unos fetiches que se repiten, unas cuantas fórmulas y un entendimiento particular de mi entorno... Supongo que sí, tengo un estilo.
¿Qué sientes cuando estás frente a una hoja en blanco? De chamín sentía una montaña rusa de emociones. El papel era un escape, una salida, una aventura, entrar al cine, una juguetería... Ahora dibujar se ha hecho oficio y mentiría si digo que siento frente al papel blanco algo lo suficientemente interesante como para ser mencionado. La hoja es un material más, una herramienta. Es en el proceso, bien en lo profundo del trabajo, donde se hallan las emociones más intensas.
¿Qué lugar de tu casa prefieres para ilustrar? Ninguno. Llevo rato sintiendo la necesidad de alejar el trabajo de mi hogar. Tengo un taller fuera de casa. Es rico sacar el trabajo. Antes, al mencionar que ilustraba en casa, los amigos que ejercen en oficinas me veían con envidia. La verdad yo los envidiaba a ellos.  Si bien es cierto que crear es bello: romance y poesía, también es cierto que crear por encargo con correcciones y fechas de entrega, es trabajo. Ser el administrador de tu tiempo es una responsabilidad inmensa con la que sigo luchando. Entonces el trabajo que vive en tu casa, convive con la televisión, la cocina, las meriendas, los cafecitos y la cama rica que todo el tiempo te ruega con ojos tiernos que vuelvas a ella para una siesta; y así los días pasan con sus semanas y fines de semanas y el trabajo está allí, siempre allí, no se aleja, no te da un respiro; lo que nació como una cosita cuchi y prometedora se transforma, dos días antes de la entrega, en una preocupación obesa prendida de la nuca... La respuesta más acertada sería entonces que prefiero ilustrar en cualquier parte que no sea mi casa.
¿Qué te inspira? El cine, el trabajo de los artistas que admiro, la música, la comida, mi hijo, mi esposa, mis amigos, los museos, los animales vivos, los animales disecados, los bichos, las flores, las manos, los pies, las cicatrices, la cerveza, los carros chiquitos, los carros quemados, los viajes, la belleza en lo feo y lo feo en lo bello...
¿Te gustan los perros? Me encantan... De paso, me acabo de enterar de una raza. ¡Qué maravilla después de viejo dar con un animal del cual no tenía idea! Yo soy adicto a la zoología de TV. Pensaba que lo había visto todo; son muchos años de investigación en la selva televisada, de adentrarme en lo profundo de la programación de animalitos. He estado en los más recónditos lugares del planeta a los que me ha podido llevar Animal Planet, National Geografic, Las Fábulas del Bosque Verde y aquel programa de Félix Rodríguez de la Fuente que daban en el 5. Juraba que lo conocía todo... Pero no, este perro me agarró por sorpresa. El can en cuestión es un mastín tibetano... Ahora sí que lo he visto todo.
¿Te has encontrado alguna vez con una bruja? ¿Bruja?, no... Ahora, de vez en cuando me topo con cada hijo(a) de puta que ni te cuento.
¿Crees en las hadas? Creo en monstruos, zombies, extraterrestres, robots con almas, trolls, fantasmas, el silbón, la llorona, el chupacabras. Creo que los dinosaurios, los dodos y los lobos de Tasmania aun andan por ahí, creo en dragones, en sirenas y tritones... Pero en hadas, no.
Nombra las tres mejores experiencias como ilustrador:  1- El día que mostré el portafolio en Mad; son ya 16 años entre sus páginas. 2- El día que me dejé de pendejadas y aprendí a usar Photoshop. 3- Los originales de otro ilustrador, verlos es en sí una experiencia que solo un ilustrador sabe apreciar.
Nombra tres libros con los que te has sentido un lector agradecido: La rebelión de los náufragos de Mirtha Rivero. El Evangelio Según Jesucristo de José Saramago. Lecciones de Cine de Laurent Tirard.
¿A quién le darías el Hans Christian Andersen de ilustración? Que ilustrador tan mal informado soy. Jamás había escuchado de tal premio. Por la pregunta supongo que ese premio ha de ser el pináculo del reconocimiento al ilustrador… Y sí, Google lo acaba de confirmar. Siendo así, me lo daría a mí mismo... Yo no me la paso pensando en lo chévere que sería que otro se gane la lotería... Google me cuenta que a mí no me lo pueden dar porque es un premio ligado a la temática infantil y lo mío son cosas sórdidas, morbosas y babosas. ¡Qué lástima!, entonces le cedo mi premio a Lisbeth Zwerger… Google me cuenta que ya se lo ganó. Bueno… Se lo daría a… Ya sé, se lo doy a Taro Gomi.
Ilustración de Hermann Mejía

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