lunes, 13 de febrero de 2012

Walther Sorg











Nombre: Walther Richard Sorg Angulo
Nacionalidad: Venezolano
¿Dónde naciste? Nací en Caracas. Hijo de maracucha y alemán. De pequeño mi mamá me decía que tenía antepasados guajiros (wayuu) pero nunca lo he podido comprobar.
¿Qué cosas en tu niñez te inspiraron para convertirte en ilustrador? Mi papá pintaba muy bien. Al óleo, paisajes sobre todo, en un estilo impresionista. Desde siempre mi casa estuvo impregnada con los olores de la trementina y el aceite de linaza. Papá tenía una caja de pinturas grande, llena de tubos de colores de todos los tamaños, espátulas, pinceles, y un caballete enorme que duró muchos años después de que él murió. Recuerdo también que un día me llevó a una librería que frecuentaba mucho, Librería Alemana, y me compró los dos primeros libros ilustrados que recuerdo: Max y Moritz, de Wilhelm Busch, y el Struwwelpetter, un libro tradicional para niños con historias de corte moralista y que a mí en su mayoría me aterraban, por sus finales extraños y sus ilustraciones de estilo casi surrealista. La fascinación que sentí por estos dos libros tan diferentes me marcó, así como el hecho de que papá también era músico. Tocaba el violín y el violoncello. Cuando la casa no estaba inundada con los olores de la trementina estaba llena de música, ya saliera del tocadisco o tocada por él en directo.
¿Qué libro relees, qué autor? Siempre tengo presente a Borges. Creo que es mi mayor referencia. También están Cortázar, Quiroga, Kafka, Poe, Lovecraft y Maupassant. Me gusta lo fantástico y lo tenebroso. Tengo una buena colección de libros de duendes, hadas y criaturas fantásticas en general. Algún día haré un bestiario.
¿Qué libro no pudiste terminar, y por qué? Tal vez suene superficial, pero practico la regla del primer párrafo: si comienzo a leer y las primeras líneas no me cautivan de alguna forma, no sigo adelante. Por lo mismo, no recuerdo haber dejado algún libro por la mitad.
¿Qué autor no te gusta? En primer lugar, no puedo con los libros de autoayuda y tendencias afines, que por lo común producen en mí el efecto contrario al que pretenden generar: me hacen sentir terriblemente estúpido y que la vida es miserable. Tampoco puedo con los bestsellers, y lo mismo me ocurre con las películas: mientras más gente dice que hay que leer tal libro o tal película taquillera, más rápido salgo huyendo en la dirección opuesta.
¿Cuál es tu ilustrador preferido? Cada día salen a la luz cosas maravillosas. En el pasado, cuando no existía Internet, se dependía de los libros que llegaban a las manos de uno. Ahora la información está al alcance de un clic. Si me preguntan por mis preferidos en la actualidad, me gusta mucho Rebecca Dautremer. Emigrantes, de Shaun Tan, es monumental.
¿Qué libro (o de cuál escritor) te gustaría ilustrar? Ya lo dije antes. Me gustan los bestiarios. Algún día haré uno.
¿Con qué personaje literario te identificas? Con Josef K.
¿Con qué libro has llorado? Con ninguno, hasta ahora.
¿Qué es lo peor que podrían decir de tu trabajo? No sé. Hasta ahora no he escuchado ninguna crítica. Alguna vez, frente al trabajo suelto y desenfadado de otros colegas ilustradores, me he sentido muy formalito, muy clásico. Pero con el tiempo he aceptado que es mi naturaleza ser así. A veces me veo como un monje medieval, de esos que “iluminaban” los libros a mano. Pero cuando observo a otros ilustradores rechazando trabajos que requieren una enorme dosis de detalle y paciencia, entonces sonrío.
¿Qué clase de trabajo debes hacer, dada tu profesión, pero que no te gusta? Un amigo ilustrador, a quien admiro mucho, me dijo un día que a veces, cuando faltan ganas o inspiración, hay que apoyarse en el oficio. Con una familia que mantener no siempre se puede poner uno a rechazar encargos. En general, lo más fastidioso es lidiar con clientes o editores que solicitan todo el tiempo modificaciones caprichosas a los trabajos.
¿Cuál ha sido aquél trabajo que te salió tan mal que no quisieras recordar? De no quererlo recordar porque me salió mal, ninguno. Me frustra el recuerdo de algunos libros que ilustré y que se quedaron engavetados en las oficinas de la editorial que los encargó, sin esperanza de que salgan a la calle alguna vez. Años de trabajo y esfuerzo perdidos.
¿Consideras que tienes un estilo? No tengo uno, sino varios. Sufro de personalidades múltiples al momento de ilustrar. No me caso con ningún estilo en particular. Me parece aburrido eso de ilustrar siempre de la misma manera.
¿Qué sientes cuando estás frente a una hoja en blanco? Normalmente la rayo casi en seguida, aunque de momento no haya estructura en lo que estoy haciendo. Un trazo lleva al otro, y así de golpe puede asomarse una forma naciente. Cuando dibujo en la computadora con la tabla digital es más o menos lo mismo.
¿Qué lugar de tu casa prefieres para ilustrar? Me da igual. Pero en cambio sí soy sensible a las horas: las mejores ideas me llegan muy temprano en la mañana, aunque suelo dejar el trabajo fuerte para la noche.
¿Qué te inspira? Casi siempre estoy escuchando música, y cuando no tengo los audífonos puestos tengo un “hilo musical” en mi mente. Soy un apasionado escucha de la mal llamada música clásica (porque este término sólo cubre un período específico) o música “seria”. Bruckner y Mahler en primer lugar, pero hay muchos compositores a quienes venero. El resto de mis preferencias musicales se van hacia el rock sinfónico y progresivo. El reggaetón es como el humo negro que sale de los escapes de las camionetas mal mantenidas: el segundo te envenena los pulmones, el primero te afea el espíritu. Respiro música todo el tiempo pero, más que inspirarme, ella marca muchas veces el “tono” o la atmósfera que impregna mis trabajos.
¿Te gustan los perros? Amo a todos los animales. Desde hace años he tenido perros en mi casa. Son como niños, y los considero parte de la familia. En el pasado prefería a los gatos. Quisiera vivir en una casa grande donde pudiera tener muchos animales diferentes. Me gustan mucho los reptiles y los bichos (léase insectos).
¿Te has encontrado alguna vez con una bruja? Ojalá hubiera tenido ese placer, pero no. Me he topado con lo que la gente llama común y despectivamente “bruja”, que no es más que una Mujer Gris (los Hombres Grises de Momo, de Michael Ende) disfrazada. Nunca le tendría miedo a una bruja de verdad, pero Los Hombres Grises me inspiran verdadero temor.
¿Crees en las hadas? Creo en las hadas, los duendes, los elfos, las ondinas y los trasgos, esos seres tan malvados.
Nombra las tres mejores experiencias como ilustrador: 1- Haber ilustrado la serie completa de los libros de Teresa, de Armando José Sequera. 2- Haber ilustrado Cuentos prohibidos por la abuela, de Mireya Tabuas, que me hizo reencontrar con técnicas aprendidas en mis días de formación, pero dándoles un nuevo enfoque. 3- Haberme acercado al universo de los mitos y leyendas de temática indígena. Todavía creo que tengo mucho que desarrollar en ese campo.
Nombra tres libros con los que te has sentido un lector agradecido: El libro de Arena, y El Libro de los seres imaginarios, ambos de Jorge Luis Borges. El lobo estepario, de Hermann Hesse.
¿A quién le darías el Hans Christian Andersen de ilustración? No tengo idea. Soy obtuso con eso de las premiaciones y los jurados. Aunque me esté mal decirlo ya que he obtenido algunos reconocimientos a lo largo de los años, me gusta en estos casos recordar la frase que dijo el gran compositor norteamericano Charles Ives, ejemplo de integridad artística e independencia creativa, quien ante la noticia de que le habían otorgado el premio Pulitzer se negó a recibirlo con la frase: “Prizes are for boys, and I’m all grown up.”
 Ilustración de Walther Sorg.









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